Me parece que esta columna mía se lee en aproximadamente tres minutos.
Pues bien: según las estadísticas, mientras transcurre este tiempo van a morir 300 personas, y otras 620 nacerán.
Puede que yo le dedique media hora a su escritura: estoy concentrado en mi computadora, rodeado de libros e ideas, ruido de coches en las calle. Todo parece normal; y sin embargo, a lo largo de estos treinta minutos, 3.000 personas han muerto, y 6.200 acaban de abrir los ojos por primera vez.
¿Dónde se encontrarán estos millares de familias que en los últimos minutos han comenzado a llorar una pérdida, o a reír con la llegada de un hijo, un nieto o un hermano?
Me detengo a reflexionar: es posible que muchas de estas muertes pongan fin a una larga enfermedad, y que ciertas personas encuentren alivio en la visita del Angel que ha venido a buscarlas.
Además, sin duda centenares de estos niños que están naciendo serán abandonados al minuto siguiente, y pasarán a engrosas las estadísticas de las muertes antes de que termine de escribir este texto.
Qué cosa. Una simple estadística, que vi por casualidad, y de repente me encuentro sintiendo todas estas pérdidas y estos encuentros, todas estas sonrisas y estas lágrimas.
¿Y cuántos están partiendo en soledad, sin que nadie sepa lo que les está ocurriendo? ¿Y cuántos nacerán a escondidas, y serán abandonados en las puertas de orfanatos?
Sigo reflexionando: en su momento ya formé parte de la estadística de los nacimientos, y un día también me incluirán en el número de los muertos.
Las personas piensan poco en la muerte. Se pasan la vida preocupados con cuestiones verdaderamente absurdas, dejando  las cosas para más tarde, evitando toparse con los momentos importantes. No se arriesgan, porque consideran que es peligroso. Se quejan mucho, pero se acobardan a la hora de las resoluciones.
Quieren que todo cambie, pero se niegan a cambiar.
Si pensaran un poco más en la muerte, en ningún caso dejarían de hacer la llamada que les está faltando. Serían un poco más alocadas. No les daría miedo el final de esta encarnación, pues no se puede temer lo que es inevitable.
Los indios dicen: “Hoy es un día tan bueno como cualquier otro para dejar este mundo”. Y un brujo comentó en cierta ocasión: “Que la muerte permanezca siempre sentada a tu lado. De esta manera, cuando necesites hacer las cosas importantes, ella te dará la fuerza y el valor necesarios”.
Espero que hayas llegado hasta aquí y seas consciente no sólo de lo que dicen las estadísticas, sino también de tu misión en esta Tierra. Es cierto que todos más tarde o más temprano vamos a morir. Pero aceptarlo es la mejor manera de estar preparados para la vida.

Paulo Coelho.

Llegué a casa sin ganas de nada. El colegio y el frío no son realmente una buena combinación. Saludé a mamá, a Nair y a Amir -dos de mis tres hermanos- y a la abuela que ayudaba en la cocina con el almuerzo. Me saqué la campera, y la dejé con la mochila donde la dejo cada día que llego del colegio. Me lavé las manos en la cocina -porque en el baño no me gusta- y caminé hasta el dormitorio de mi abuela y mi hermanito. Greta -la última hija que mamá y papá tienen. (Un gato siamés de seis años)- dormía al rayo del sol en la cama de mi abuela. Encontré la revista y me puse a leer lo que ayer no leí. Y encontré ese texto que se titula "Mientras lee esta columna". 
Sola y tranquila me puse a pensar que quizás debería dejar de pensar tanto en cosas que realmente no importan. Y aunque sea "chica" creo que el tiempo se va, se va y no vuelve. Y a veces está bueno abrir los ojos. ¿Y quién se imagina que va a hacerlo por una hoja en una revista, no?
Pero sin embargo, hoy, gracias a esto, tengo ganas de sentarme y aprenderme todo lo que tengo que estudiar para historia, así mañana puedo dar un examen deputamadre. Hoy quiero saltar, correr, nadar, caminar, llorar hasta reír y reír hasta llorar. Tengo ganas de dar besos y abrazar -hasta que se desgasten los brazos, quizás-. De aprender, de escribir, de inventar. Quiero viajar, conocer, olvidar. Quiero el día de mañana tener la posibilidad de decir que estoy viva. Que viví.

5 comentarios:

Soniaa dijo...

Siempre pienso en estas cosas. Es algo que jamás vamos a comprender.

Todo es tan confuso. A veces, me pregunto el por qué de todo esto. Pero bueno, son preguntas con un fin filosófico.

PD: Yo también me lavo las manos en la cocina, pensé que era la única idiota que odiaba el baño para ello.

Un beso enorme!

Agustina dijo...

Es cierto, a veces algo que puede ser lo más simple del mundo, te puede dejar pensando en varias cosas.
Me gustó lo que escribiste ^^

Geri dijo...

Waw, Yas.
Me encantó, ¡gracias por compartirlo!
A mí también me dan ganas de hacer muchas cosas después de leerlo.
Gracias por el empujoncito.
Beso!

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


TE SIGO TU BLOG




CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...


AFECTUOSAMENTE
PEQUEÑOS SUEÑOS

ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DEL FANTASMA DE LA OPERA, BLADE RUUNER Y CHOCOLATE.

José
Ramón...

viti dijo...

Muy bueno yas! Un beo grnde para vos :)